
Morir como mueren las niñas, con dulces venas sucias. Morir agrandando los párpados, dejando al mundo ser fragmento, soplo, calor azul redondo y ávido. Morir en una tarde sencilla de agosto, mientras otros cantan canciones que tú no cantas, mientras otros. Ana Martínez Castillo en De lo terrible Nuestro querido Carlos Alcorta dejaba en su blog este estupenda reseña sobre un libro que no debería
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